Bienvenidos a mi país. Un país del que algunos encima quieren que te sientas parte y partícipe, y te critican si no lo haces. Un país llamado España. El año pasado ganamos el Mundial de fútbol y se escuchaba por las calles: “ahora sí que hay españoles, ¿eh?, ahora sí que mola serlo, ¿no?, ahora la bandera ya no da tanta vergüenza…”. Pues ni les doy ni les quito la razón, pero yo lo cierto es que nunca me he sentido muy de aquí… Y ahora, menos que nunca.
Porque igual que no querría nunca pertenecer a un club que me quisiese como socio, éste país (como cualquier otro, supongo) es un club a cuya membresía estás adscrito desde el nacimiento, sin que nadie te pregunte si quieres serlo o no. Es como, en muchos casos, el bautizo, que te quita el pecado original (si es que alguien se puede creer tal patraña) pero no te convierte en obligado practicante…
Bienvenidos al país de la pachanga, lo cutre, lo simple, lo ramplón. Bienvenidos al país del engaño, la blasfemia y la corrupción. Bienvenidos al país del fraude, la estafa y el desfalco. Bienvenidos a ese país. Ese país donde, como en tantos otros, el modo y el ritmo de vida lo marca la moneda, la divisa, la banca. Bienvenidos al país de la economía sumergida, de los tejemanejes necesarios para ahorrarme tantas pesetas. Quizás te contraten de una cosa, pero quizás en tu contrato figure que has trabajado de otra. Quizás trabajes tantos días… Quizás esos días no sean los mismos para ti que para la empresa. Quizás lo hagas de buena fe. Quizás ellos también. Quién sabe. Quizás firmes un contrato. Quizás te encuentres que el contrato está firmado… ¿Cómo si yo no he puesto mi firma en ningún lugar?
Bienvenidos a ese país donde las opciones políticas dan miedo o risa, pero no confianza. Los que están lo han hecho mal en política económica. Se encontraron con algo que no han sabido manejar y demasiado poco daño ha hecho. Todavía no creo haber escuchado que este país necesite un rescate. Lo que este país necesita son principios, y si los políticos no los tienen… ¿qué obliga a ningún ciudadano, empresario o banquero a tenerlos? Así que será normal que yo como ciudadano, haga mis trapis para poder salir adelante. Que lo haga el empresario, el grande y el pequeño; y que lo hagan, por supuesto, los banqueros.
Y si yo muevo mi mierda para sacar un poco de pasta, si los empresarios alteran palabras y números para ahorrarse un porcentaje, si todo el mundo miente más que habla, no me extraña que los banqueros estén jugando a castigar a los políticos que están no ayudando lo más mínimo a mover la economía, esperando un cambio en el ejecutivo para relajar el puño y dejar fluir los millones.
Y ese cambio se producirá. Y entonces tiemble España. Porque ya sabemos que vamos a tener lo mismo. Lo mismo que hemos tenido en estos últimos 8 años y lo mismo que tuvimos los 8 anteriores. Pero peor. Con más recortes sociales que estos 8 años atrás. Con más contratos basura y mucha más precariedad de la que tuvimos los 8 anteriores. Con más cinismo. Con la misma mierda de representación internacional que tenemos siempre. O incluso peor. La economía crecerá, no hay duda; sólo conviene razonar si a un precio coherente, que los españoles podamos pagar a costa de otras ventajas menos fiscales. Recortes en cultura, recortes en ayudas sociales, una migración sanitaria hacia el modelo privado, recortes en educación. Y así sucesivamente.
Habrá más 15-M’s, o menos, o que más da si lo único que ha hecho el movimiento es “crear conciencia”. Mis cojones. Páseate por la puerta trasera de un súper a medianoche y crearás conciencia.
Y los que haya serán aplastados con más fuerza. Una fuerza férrea, propia de la derecha que se nos viene encima.
¿Es mejor lo que hay? No. ¿Pero es mejor lo que viene? Ni de blas. Entonces, ¿no tenemos alternativas? Sí, y mucha, pero dan la misma vergüenza que las demás. Los hay que piden los votos en blanco para ellos. Que tienen intención de ganar escaños para no presentarse al Congreso ni un día. Genial. Me pregunto si también renuncian a los beneficios socio-económicos de ser diputado, sobre todo a la renta vitalicia, por ejemplo. ¿O es que España es el único país donde los idealistas han de ser también materialistas? Luego hay ludópatas en política, en un partido con nombre de fruta, partidos piratas y partidos ecologistas, partidos que te mienten desde su propia fundación al añadir la palabra “honestidad” en el nombre…
¿Queréis que vote, que me sienta español, que actúe como tal? Lo lleváis crudo. Porque lo que veo alrededor no me gusta. Nada de nada. Porque no veo opciones, porque las que veo son de coña. De pura risa. O de puro pánico.
A mí ya me ha entrado el miedo. Soy uno de tantos españoles. Y esto es porque no puedo no serlo, porque bien estaría que además de poder redactar un edicto de apostasía renunciando a una fe que nos fue impuesta desde pequeños pudiéramos redactar un edicto de apatriotismo o algo así, renunciando a un derecho que algunos de nosotros nunca hemos querido tener, que es el de tal o cual nacionalidad. Soy uno de tantos que ya vive con el miedo en el cuerpo a estas elecciones. Elecciones en las que los dos bloques mayoritarios triunfarán por encima de pequeños grupúsculos de una izquierda tan rancia como la rancia derecha; de partidos nacionalistas que bien podrían coger su terruño, perderse de vista y dejar de joder con la pelota, la palabra y las ansias de hacer de unas fronteras, una bandera y una extensión latifundista algo más que un trozo de tierra donde todos deberíamos poder vivir sin arreglo la convención más odiosa de todas, que es la burocracia; y otros partidos, independientes y minoritarios que muchos españoles ni siquiera llegarán, en su vida, a conocer.
Y de entre esos dos bloques mayoritarios, que ocuparan más del, quiera que me equivoque, 80% del Congreso, España lo está viendo venir, triunfará uno, el del loguito azul, y entonces “bye, bye, Frodo”. No pidas una ayuda. Porque los españoles que merecen la pena para ellos son los españoles que no necesitan pedir una ayuda. Que desfalcarían unos milloncejos para pagarse un chalecito en La Moraleja y el BMW Z3 del sobrinillo, pero que desde luego no tendrían que pedir ayuda para llegar a fin de mes. El buen español, para ellos, no es trabajador: es rico. En mayor o menor cuantía, pero es rico. Es de los que pueden pagar, al menos un 27% de impuestos. Porque los impuestos sirven, sí. Con ellos se arregla España. Que para ellos es la España económica. A ver si así, al menos, industrializan el cine y dejan de darse las cuatro perras y medias que tienen a repartir entre los cuatro mismos capullos aburridos que salieron de sus conchas para matar al público de puro tedio cinematográfico.
La España económica que es la España donde se construyen más casas, aunque no haya quien pueda pagar para habitar en ellas (y un severo porcentaje de la población esté viviendo en la calle. Es la España donde se fabrican más coches que consumen más carburante que a su vez cuesta más, más coches que contaminan más, pero igual o peor servicio de transporte público. Porque comprar coches genera empleo, de la materia prima al que te fabrica, construye, ensambla, monta, pinta y vende el coche. La España económica donde todos los desempleados puedan pedir 30.000 euros al banco para montar su idea de negocio y tener éxito los próximos 10 años o así, hasta que todo se derrumbe de vuelta porque no lo hicieron pensando en hacer las cosas bien. En construir un buen futuro. Lo hicieron pensando en salvar el momento actual, en triunfar, en ganar, en vencer, en arrollar al oponente en lugar de trabajar junto a él para una mayor satisfacción de todo el electorado. Porque, a fin de cuentas, está claro que lo que quieren ellos, como los actuales, los minoritarios, los nacionalistas y los independientes es ostentar un poder y hacerse con unos privilegios que no permitirán vivir mejor a 40 millones de españoles, sino sola y únicamente a ellos mismos, mientras que el mundo arde alrededor y yo me tengo que conformar con una paga de 1000 euros que ni corresponde a mi trabajo desarrollado ni tiene total constancia para los registros generales.
Así que como los cerebros españoles siguen teniendo tres salidas principales, por tierra, mar o aire, yo elijo exiliarme, tan pronto como pueda, como el poco dinero que estoy viendo por esforzarme en trabajar en lo que me gusta (y no en lo que hay) me permita. Sé que voy a encontrar la misma mierda ahí afuera. Pero al menos ya no me dará vergüenza de ser español.
Seré el del país ese de los toros y los toreros, que ya es suficiente escarnio cuando uno viaja al extranjero, del país del Real Madrid y del Barça, del país del que mejor gastronomía he disfrutado en mi vida. Seré de un país pequeño lleno de gente simpática y de gente no tan simpática. Seré de algún lado, pero eso no importará mucho. Me habré ido y habré dejado atrás la farsa que supone este estado. Me habré ido pensando en volver. Pensando en que cuando lo haga, algo habrá cambiado. Y moriré, si así actúo, lleno de pura desilusión.
Me exilio. Este país no huele bien. Y el 21 de noviembre va a empezar a apestar un poquito más. ¿Algún plan de huida?